lunes, 19 de agosto de 2013

El yelmo del legionario: De la República a Trajano

Los yelmos romanos, de inspiración celta, estuvieron hechos de hierro o de una aleación de cobre (tanto el latón como el bronce fueron usados). El bronce era más caro que el hierro o el latón, pero era fácil de transformar en un yelmo, mientras que los de hierro necesitaban una gran cantidad de trabajo por parte del armero. El bronce podía adquirir simplemente su forma siendo trabajado sobre un molde de madera o piedra

Fuera cual fuese el material, las principales características del yelmo romano eran su forma de cuenco para la cabeza, una gran guarda para el cuello, protectores para la cara que estaban engarzados para facilitar el movimiento, y un protector sobre el rostro -digamos que a la altura de las cejas- para proteger de golpes descendentes. Los yelmos, sin importar su diseño, dejaban el rostro descubierto, ya que el soldado necesitaba ver y oír para poder seguir las órdenes de sus comandantes. Muchos soldados grababan sus nombres y el del centurión de su unidad en el yelmo, para prevenir robos o malentendidos.

Los legionarios de Trajano vestían el yelmo de tipo Imperial (nombre genérico galea), en sus dos versiones, el Gálico y el Itálico. Veamos como estos modelos evolucionaron de formas anteriores.

Evolución del yelmo romano hasta el siglo I e.c.
El primer yelmo conocido de las legiones romanas en el llamado tipo Montefortino -el nombre de la región de Italia donde se descubrió por primera vez, en un enterramiento celta-, un yelmo de origen celta, en uso desde el siglo IV-III a.e.c. Hasta incluso el siglo I e.c. Con diversas modificaciones. Los romanos quedaron impresionados por la robustez y sencillez de estos yelmos y no dudaron en incorporarlos a su panoplia defensiva. Apuntar además que se cree que la cota de malla fue también copiada a los celtas, así como el origen del gladius hispaniensis deriva de espadas celtas y celtíberas.

Yelmo celta emparentado con el Montefortino
El tipo Montefortino se caracteriza por su forma cónica o redondeada con una especia de “botón” cónico central, una guarda para el cuello y placas para proteger los lados de la cabeza.

Ejemplos del Montefortino se han encontrado en Hispania, la Galia y el norte de Italia, la mayoría de ellos habiendo perdido los protectores de las mejillas. Los primeros modelos poseen cierta decoración, la cual desaparece tras las reformas de Mario a finales del siglo II e.c., cuando comienzan a producirse en masa yelmos baratos y simples pero efectivos.

Yelmo Montefortino hallado en Carnutum
Durante la época de César (I a.e.c.), se extendió la variante Buggenum del yelmo Montefortino, con protectores para la cara mayores y con el elevado botón central hueco en lugar de macizo. A esta variante la sucedió la de tipo Hagenau, la cual pervivió hasta los primeros años del siglo I e.c., con mayores protecciones para el cuello y el protector del rostro a la altura de las cejas. Además solían tener un enganche detrás para facilitar su transporte.

El otro tipo de yelmo típicamente republicano es el Coolus, normalmente hecho a partir de latón y también descendiente de modelos celtas. Era un yelmo simple, de forma semi esférica o globular, con un enganche para plumas o una cresta. Finalmente, fue reemplazado por el yelmo de tipo Imperial, mucho más evolucionado pero aun descendiente de los yelmos celtas.

Reconstrucción de un modelo Coolus
La división de los yelmos Imperiales entre Gálicos o Itálicos viene dada por el lugar de manufactura y no por el de sus portadores. El creador de esta distinción, H. Russell Robinson en su obra "The armour of imperial Rome" de 1975, decía que los cascos Gálico-Imperiales estaban fabricados de forma más artesana, normalmente en hierro y poseían una característica protección en la frente, siendo creaciones de herreros galos, mientras que los primeros modelos Itálico-Imperiales, que carecían de esas “cejas metálicas” y tenían una manufactura más tosca, eran productos, muchas veces en bronce, de imitadores no tan habilidosos afincados en Italia y otras partes del Imperio. Realmente, estas diferencias en decoración y manufactura tienden a desaparecer conforme pasan los años, y los últimos tipos de yelmos Itálicos están tan bien forjados y decorados como cualquier tipo Gálico-Imperial.

Casco Gálico-Imperial, Museo de Carnuntum
Aunque derive de modelos celtas, el casco de época alto-imperial tenía diversas mejoras en su diseño, como una guarda para el cuello inclinada para desviar los golpes descendentes, piezas de enganche de latón y elementos decorativos.

Las Guerras Dacias y la terrible espada falx llevaron a los romanos a mejorar aun más su diseño del casco, añadiendo dos barras de hierro cruzadas sobre la parte superior del yelmo, para darle una protección aun mayor al cráneo del legionario. También han aparecido barras de bronce en algunos antiguos yelmos de bronce de legionario aun en uso en esas fechas, y en yelmos de los auxiliares.

Se ha sugerido -y así parece ser- que esta modificación se llevó a cabo durante las campañas militares, con los herreros y armeros trabajando a destajo para añadir estas modificaciones a los yelmos, como atestiguan la tosquedad de las barras cruzadas de los yelmos del Danubio y el Rhin. Estos protectores pueden verse en algunos de los yelmos de la Columna de Trajano y acabaron convirtiéndose en una marca distintiva que llegó hasta las últimas décadas del siglo III junto a los últimos ejemplares de yelmos Itálico-Imperiales.

Yelmo Imperial con el refuerzo, zona del Danubio
Los yelmos tenían una serie de correajes enganchados por aros que cruzaban la nuca y la garganta y se ataban bajo la barbilla, haciendo casi imposible que el yelmo se cayese.

Algunos yelmos conservados en buen estado, para más datos un yelmo Gálico-Imperial de Brigetio, muestra restos de algún tipo de revestimiento interno para asegurar que el yelmo fuese cómodo y para ayudar a amortiguar los golpes. Si el yelmo no poseía ningún tipo de revestimiento, lo normal sería pensar que el legionario habría vestido algún tipo de protector de tela gruesa en la cabeza para hacer su función.

Reconstrucción del acolchado
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Para saber más:
-Armas de Grecia y Roma, de Fernando Quesada (2008)
-Imperium Legionis, de José Sánchez Toledo (2004)
-Osprey Men-at-Arms 046: The Roman Army from Caesar to Trajan, de Michael Simkins (1984)
-Osprey Warrior 166: Roman Legionary AD 69-161, de Ross Cowan (2013)
-The Legionary, de Peter Connolly (1988)
-The Complete Roman Army, de Adrian Goldsworthy (2003)

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Un excelente articulo y gracias por citar mi libro Vori.

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  3. ¡Gracias Jose! Tu libro me ha venido bien como consulta, enhorabuena de nuevo por él. :D

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