sábado, 21 de septiembre de 2013

La Primera Guerra Dacia de Trajano: Los preparativos

Incluso antes de llegar a ser Emperador, Trajano se había dado cuenta del peligro que suponía Decébalo, debido a su personalidad, carácter y sus acciones, para la seguridad de las provincias del norte, al establecer en sus fronteras un régimen autocrático que era una amenaza real para la autoridad de Roma en la región.

Esto queda claro por su decisión, tras conocer la muerte de Nerva y su propio ascenso, de regresar a Roma por el camino de las provincias del Danubio para poder así examinar y asegurar la situación de primera mano. Es más que probable que fuese ahora cuando creó una serie de praesidia (puestos fortificados con una guarnición) en la orilla izquierda del Danubio y que recorrían también todo el norte de la Panonia; ordenó a su vez la reconstrucción del camino de sirga del Djerdap, la reconstrucción de los fuertes de las tropas auxiliares en piedra, y la apertura del canal de Karatash—Gradac para acabar así con los peligros para el transporte fluvial que suponían los rápidos del Istro.

Restos del camino de sirga de Trajano en el Danubio
Ninguna de estas obras por sí misma atestiguan necesariamente que Trajano ya hubiera decidido invadir la Dacia: Decébalo parecía permanecer satisfecho con los actuales acuerdos y no pareció ofrecer ningún tipo de agresión inicial. Más bien parecen indicar cierto grado de cautela por parte de Trajano, con la introducción de una política que garantizase defensiva y logísticamente cualquier necesidad militar en la zona, incluso la de una campaña de invasión.
Tras pasar un tiempo en Roma comenzó una campaña contra los dacios; para ella tuvo en cuenta sus actos pasados, estando molesto con la cantidad de dinero que estaban recibiendo anualmente, y también se percató de que su poder y orgullo estaban aumentando. Decébalo, sabiendo de su avance, se acobardó, ya que bien sabía que en la vez anterior no había derrotado a los romanos sino a Domiciano, y ahora se enfrentaría tanto a los romanos como a Trajano, el emperador. 
-Dion Casio. Historia Romana, Libro LXVIII
La necesidad de llevar la ofensiva se hizo patente antes de marzo del 101, cuando Trajano renunció a su consulado para lanzar su campaña de guerra abierta contra la Dacia. ¿Era esta originalmente una guerra de conquista o simplemente punitiva? Ciertas monedas con la imagen de Mars Ultor emitidas en el 101 parecen indicar lo segundo, dándole a la campaña militar la idea de ser una “revancha” de los romanos contra Decébalo, ya que Roma sentía como una humillación el oneroso pago que Domiciano había decidido entregar a Decébalo cada año para terminar con sus incursiones. Trajano optó por enviar a experimentados generales a gobernar las provincias limítrofes y nombró a Cayo Cilnio Proculo gobernador de Moesia Superior, a Laberio Máximo lo mandó a Moesia Inferior y a Julio Urso Serviano a la Panonia, aunque Trajano terminó llamando a su lado a éste último tras iniciarse la campaña militar, y entregó su cargo a Glitio Atilio Agrícola.

Denario de plata de Trajano con Mars Ultor
Trajano partió de Roma hacia la Dacia el 25 de marzo una vez los sacerdotes arvales había elevado plegarias por su seguro regreso. La Guardia Pretoriana acompaña al Emperador, liderada por el prefecto Tiberio Claudio Liviano. Marchaba junto a Trajano su amigo y consejero Lucio Licinio Sura, quién acababa de volver de administrar la Germania Inferior. Liderando a sus legiones iban un buen número de los más hábiles generales de todo el Imperio, entre quienes destacaba Quinto Sosio Senecio, yerno del gran estratega Frontino y que recientemente había recibido un consulado (año 99) como recompensa por su ayuda en las operaciones de Trajano en la zona del Rhin. Otro famoso general era Cayo Julio Quadrato Baso, tribuno en la XIII Gémina durante la Guerra Dacia de Domiciano, y recientemente legado de la XI Claudia. Algo más veterano era el cincuentón Pinaro Pompeyo Longino, cónsul sufecto y gobernador de Moesia Superior entre el 93 y el 96, y sucesor de Trajano en Panonio. De edad similar era Lucio Julio Urso Serviano, también cónsul sufecto (año 90) y con mandos militares bajo Trajano en Germania Superor, el Danubio y Panonia. Completando el núcleo duro de estrategas estaba el caballero Cayo Manlio Félix, intendente jefe de toda la campaña, y el marido de su sobrina nieta, el joven de 25 años Publio Elio Adriano, cuestor imperial tras su servicio militar que había incluido tribunados en la II Adiutrix en Panonia y en la V Macedónica en Moesia Inferior.

Praesidia en el Danubio
La comitiva imperial probablemente viajó por la via Flaminia desde Arminio (Rimini) primero hasta Sirmio, para posteriormente partir hacia Viminiacium (Kostolac), el punto de partida para las campañas más allá del Istro, llegando quizás allí a finales de abril. Una fuerza considerable había sido convocada para esta campaña, con nueve o diez de las treinta legiones imperiales ya estacionadas en el frente, junto con diversas alae y cohortes auxiliares.

Las legiones eran la fuerza principal del ejército romano, cada una compuesta por no menos de 5.000 ciudadanos romanos vestidos con excelentes yelmos de hierro o bronce y la lorica segmentata, un peto de placas de hierro superpuestas, aunque algunos legionarios aun vestían las anteriores lorica hamata (cota de mallas) o squamata (armadura de escamas), y comenzaron a extenderse brazaletes para protegerse los brazos contra los falx dacios. Cada legionario portaba su scutum rectangular, un afilado gladius y al menos una jabalina pesada romana o pilum. Cada centuria iba acompañada por una máquina de lanzamiento de proyectiles por torsión, las cuales daban, junto a los contingentes auxiliares de arqueros a pie, apoyo a la infantería durante las batallas y fuego directo para los asedios.

Arma de proyectiles y honderos, por Ron Embleton
Aunque no está del todo claro, parece que esta podría ser una lista aproximada de las legiones que tomaron parte en esta Primera Guerra Dacia, ya fuera directa o indirectamente, tanto con todos sus efectivos en el campo de batalla, como por el envío de destacamentos de refuerzo (vexillationes) o con su presencia en la frontera para asegurar las vías de suministros y defenderlas de los incursores.

Había ocho o nueve legiones ya en el Danubio sobre el año 100 (entre paréntesis el lugar de su campamento base):
    I Adiutrix (Brigetio)
    II Adiutrix (Aquincum)
    XIII Gémina (Vindobona)
    XIV Gémina (Ad Flexum)
    XV Apollinaris (Carnuntum)
    IV Flavia (Singidunum)
    VII Claudia (Viminacium)
    I Itálica (Novae)
    V Macedonica (Oescus)
Adicionalmente, otras legiones fueron también convocadas para la campaña (contando también con vexillationes adicionales enviadas por las legiones acantonadas en la frontera oriental, como la XII Fulminata, o en Britania, como la XX Valeria Victrix), aunque todo apunta que sólo la I Minerva participó directamente, con las otras dos realizando las comentadas tareas de guarnición y defensa:
    I Minerva (Bonna)
    X Gémina (Noviomagus)
    XI Claudia (Vindonissa)
Pese a que las legiones formaban la pieza clave de cualquier acción, las escaramuzas iniciales y el primer combate, y la responsabilidad de proteger y reforzar los flancos, recaía sobre la infantería y caballería auxiliares. Había por estas fechas, al menos 90 regimientos auxiliares a lo largo del Danubio, 21 alae de caballería, 5 de las cuales eran miliaria; 33 cohortes equitatae,unidades mixtas entre caballería e infantería, 9 de las cuales eran también miliaria; y diez regimientos de arqueros, las cohortes sagittariae, tres de los cuales estaban parcialmente montados, siendo uno miliario. Juntos, debían sumar en torno a los 55.000 hombres.

Finalmente, Trajano pudo convocar a un diverso número de nationes y symmachiarii (o foederati, derivado del latín foedus, “tratado”), levas que luchaban por Roma debido a obligaciones contraídas mediante tratados por los reyes-clientes de Roma de la periferia del Imperio. Una fuente primaria -aunque algo discutida-, “De metatione castrorum” (de Cayo Julio Higino, también llamada “De munitionibus castrorum”), que parece describir la construcción de un campamento romano durante la Primera Guerra Dacia indica la participación de 500 palmirenses, 900 getas, 700 dacios, 500 britones y 700 cántabros. A estos hay que añadirles los “Mauron symmachias” (caballería mora o norte-africana) comandados por Lucio Quieto y mencionados por Dión Casio, además de la teórica presencia de honderos baleáricos, de los que no hay evidencias arqueológicas pero sí testimonial, ya que aparecen en la Columna de Trajano: van sin armadura, sólo vestidos con una túnica y con una bolsa de tela en la que portan sus proyectiles para honda (glandes). Y es que, estas tropas luchaban con sus vestidos nacionales y sus propias armas, y eran usados para reconocimiento, apoyo y en escaramuzas.

Hondero balear de la Columna Trajana
Tampoco debe sorprendernos la presencia de getas y dacios (recordemos que para los romanos, los getas eran las tribus dacias más cercanas a Grecia) entre las tropas irregulares; quizás Trajano consiguió poner de su lado a alguna tribu dacia, ya fuera a través del uso de sobornos o el de la amenaza militar (o quizás con ambas medidas). Sabemos también que algunas tribus germánicas enviaron tropas para luchar junto a los romanos, algunas incluso llegaron a enviar hombres en apoyo de Decébalo y de los romanos en momentos diferetnes de estas campañas militares. Son típicas las representaciones en la Columna Trajana de estas tropas “bárbaras” con largas melenas y barbas, desclazos y desnudos hasta la cintura, vestidos sólo con un pantalón largo y empuñando garrotes. 

Auxiliares y foederati, reconstrucción de la Columna Trajana, de Peter Connolly
Pero como hemos dicho, eran diversas las tribus que apoyaron a Trajano en sus Guerras Dacias y por lo tanto, su aspecto debía variar bastante. La Columna juega con los estereotipos y crea una imagen canónica para identificar a este tipo de unidad, identificándola quizás con la imagen de una sola tribu para poder distinguirlos de las tropas auxiliares. Si hacemos caso a la cantidad de veces que aparecen en las escenas de batalla de la Columna, estos foederati jugaron su papel en las operaciones militares de Trajano en la Dacia.

Así, el ejército comandado por Trajano era fácilmente el mayor nunca antes reunido por Roma: incluso si la mitad quedó atrás protegiendo el Danubio, 50.000 hombres habrían partido al combate.

La guerra en la Europa antigua seguía un ciclo inmutable unido al clima, el cual determinaba el estado del suelo, clave para las marchas y las maniobras durante las batallas, y las posibilidades del ejército para forrajear buscando comida. Mayo era el mes típico para el avance, cuando aparecían los primeros tallos como pasto para los animales de carga y las monturas de la caballería y el suelo estaba suficientemente firme y seco para el paso de hombres y bestias, con el grueso de los combates comenzando en junio o julio tras la época de siega. Por lo tanto, puede suponerse que Trajano se embarcó en esta campaña, que reconstruiremos en un próximo escrito, casi inmediatamente tras su llegada a Viminacium.

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Resumido y traducido de:
-Trajan: Optimus Princeps, J. Bennett (2001)

Completado/para saber más:
-The Cambridge History of Greek and Roman Warfare - vol.2 (2007)
-The Roman Legionary, Peter Connolly (1988)
-A Companion To The Roman Army, (2007)
-The Roman Cavalryman, Peter Connolly (1988)
-Grandes generales del ejército romano, de Adrian Goldsworthy (2005)

Sobre que legiones llevó Trajano a la Dacia:

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