sábado, 28 de septiembre de 2013

La VII Legión y la Guerra de las Galias: La batalla del Sambre

La batalla del Sambre (julio del 57 a.e.c.) fue la más importante de la campaña cesariana contra los belgas, y en ella su ejército fue capaz de sobreponerse a una emboscada e infligir una aplastante derrota a las tribus belgas lideradas por el pueblo de los nervios.

Estos belgas eran un grupo de tribus galo-germanas que habitaban el norte de la Galia, entre el Canal de la Mancha y la orilla oeste del Rhin, desde al menos el siglo III a.e.c. Se extendieron incluso hasta Britania, y posiblemente hasta Irlanda. Los belgas dieron su nombre a la provincia romana de la Galia Belga, y muy posteriormente, a la actual Bélgica.
Toda la Galia está dividida en tres partes: una la habitan los belgas, otra los aquitanos y la tercera aquellos que en su propia lengua se llaman celtas y a los que nosotros llamamos galos.
-Julio César, La Guerra de las Galias
A lo largo del invierno del 58-57 a.e.c., los belgas habían reunido un enorme ejército, que según César estaba formado por 300.000 hombres. Incluso si esto es una exageración, los 40.000 legionarios de César (divididos en 8 legiones) y sus auxiliares estaban aun muy superados en número. César tenía dos ventajas: la profesionalidad de sus legiones y el débil sistema belga de aprovisionamiento, que limitaba el tiempo durante el cual podía estar reunido un ejército de tales dimensiones.

Legionario de César, por J. Shumate
César intentó dividir a sus enemigos. Divitiaco, líder de los aliados de César, los eduos, fue enviado a atacar las tierras de los belóvacos, con la esperanza de que su contingente de 60.000 hombres abandonara el ejército belga. Sabiendo que el ejército principal se acercaba a su posición, César avanzó hacia un puente sobre el río Aisne. Seis cohortes, bajo el mando de Quinto Turio Sabino, fueron emplazadas en la rivera sur del río con órdenes de construir un campamento fortificado. El resto del ejército cruzó el río y ocupó una colina en la orilla norte.

El primer movimiento de los belgas fue atacar el pueblo de Bibracte, a ocho millas (unos 14 kilómetros) del campamento romano. El pueblo resistió el primer día del asalto, pero estaba claro que caería durante el segundo. Los defensores de Bibracte consiguieron hacer llegar un mensaje a César, quién durante la noche envió una fuerza de númidas, arqueros cretenses y honderos baleáricos al pueblo. Los atacantes se dieron cuenta de que no podrían tomar el lugar, y el ejército belga se desplazó a un nuevo campamento a tres kilómetros de las posiciones romanas.

César aun estaba ampliamente superado en número, así que aun rehusó arriesgarse a una batalla campal. El combate se limitaba a enfrentamientos de caballería, que tras ser favorables a los romanos terminaron por convencer a César de que podía merecer la pena el arriesgarse a una batalla a campo abierto.

El campamento romano había sido construido en una colina que era suficientemente amplia para emplazar el ejército al completo, pero con los lados agrestes que impedían a los belgas el poder atacar desde los flancos con facilidad. Además, César ordenó construir fosos a lo largo de la ladera y fortificar las posiciones clave. Estos fuertes se equiparon con la artillería de las legiones de César.

Con sus preparativos terminados, los romanos abandonaron el campamento y formaron el orden de batalla. Los belgas hicieron los mismo, y por algún tiempo pareció que iba a tener lugar una gran batalla; pero ambos ejércitos estaban separados por un pequeño pantano y aquel bando que se moviese primero corría el riesgo de desorganizarse conforme cruzasen la ciénaga, dándole una importante ventaja a su rival. Así, tras otro combate de caballería, los romanos regresaron al campamento.

Los belgas tomaron la iniciativa. Intentaron cruzar el río por un vado cercano y atacar a las seis cohortes en la rivera sur del Aisne. César envió su caballería ligera númida, honderos y arqueros hacia el puente y sorprendió a los belgas cruzando el río. Bajo el acoso de la caballería y la lluvia de flechas y piedras, los belgas debieron retirarse a su campamento.

Batalla del Sambre, por Peter Connolly
El ejército belga estaba quedándose corto de suministros, y llegaron noticias de que los eduos estaba cerca de las tierras de los belóvacos. En una reunión, los líderes belgas decidieron que cada contingente debía regresar a su tierra natal, pero permanecer alerta. Allí esperarían el siguiente movimiento de César para reunir de nuevo el ejército al completo. Fue un fallo garrafal. La retirada se convirtió en persecución, ya que el ejército de César se movió más rápido que los belgas que se dispersaban, sorprendiéndolos. Durante las siguientes semanas, suessetanos, belóvacos y ambianos se rindieron ante César. Solo los nervios y sus aliados (atrebates, atuátucos y viruomandos, las tribus más norteñas) siguieron desafiando a los romanos. Aun formaban un contingente de 75.000 hombres, aunque esto era una cuarta parte del ejército original y, si hacemos caso a los expertos, había muchas mujeres, ancianos y niños en esos miles de soldados. Aun así, estaban listos para luchar. Por desgracia para los nervios, los atuátucos estaban de camino al Sambre pero no pudieron llegar a tiempo para combatir.

César confiaba totalmente en sus posibilidades y marchó con seis experimentadas legiones al frente, seguido por el tren de suministros y dos legiones más (la XIII y la XIV) en la retaguardia, ambas nuevas unidades creadas en el invierno del 57-58 a.e.c. Conforme el ejército llegaba al Sambre, la caballería y la infantería ligera fueron enviadas al otro lado del río para protegerlo de los nervios. Mientras que las seis primeras legiones construían el campamento no se colocó a ninguna pantalla protectora de infantería.

La situación era ideal para una emboscada. La principal fuerza de los nervios se había escondido en unos bosques algo alejados del Sambre y ocultos tras peñascos y colinas, lo que hacía muy difícil verlos desde otros puntos del campo de batalla.

La caballería romana fue sorprendida por los nervios y derrotada, siendo obligada a cruzar de vuelta el Sambre. Los belgas pudieron así cruzar el río tan rápidamente que César y sus oficiales apenas pudieron reaccionar. Solo el entrenamiento superior y la disciplina de las seis legiones los salvaron de la derrota inminente. Sin haber recibido órdenes, las seis legiones formaron en orden de batalla rápidamente, listas para el combate.

Diagrama de la disposición de las tropas
El ejército de César formó con la Novena y la Décima en la izquierda, la Octava y Undécima en el centro y la Séptima y la Decimosegunda en la derecha. Las dos legiones de la retaguardia apenas participaron en la batalla, ya que no llegaron hasta que esta casi había finalizado. Cada ala del ejército romano se enfrentaba a una tribu distinta. La derecha fue atacada por los atrebates, el centro por los viruomanduos y la izquierda por los nervios. La naturaleza agreste del campo de batalla impidió que las órdenes de César pudieran llegar con fluidez, así que no pudo tener demasiado control sobre el destino de la contienda, ahora en manos de sus legionarios y centuriones.


La batalla del río Sambre, por M. Churms.
Según César, los nervios eran 50.000 hombres, los atrebates 15.000 y los viruomanduos 10.000, lo que significa que sus tropas estaban en desventaja numérica en el flanco derecho, mientras que el centro y el flanco izquierdo luchaban en igualdad de condiciones.

Los nervios y sus aliados cargaron contra toda la línea romana. Los atrebates fueron rápidamente derrotados en la derecha, obligados a retirarse a la otra orilla del Sambre mientras que en el centro, los viromanduos eran también obligados a replegarse.

El flanco izquierdo estaba siendo mucho más complicado. César se unió a la Duodécima, la cual había perdido a la mayoría de oficiales junto al estandarte de la cuarta cohorte. La legión estaba siendo casi rodeada y comprimida, haciendo muy difícil para los legionarios usar sus espadas. Para poner peor las cosas, el avance del centro y la derecha romanas expuso su campamento, y un contingente de nervios lo conquistó.

Batalla del Sambre, por W. Reynolds
César se movió hasta el frente junto a la XII y ordenó a sus legiones abrir hueco y resistir. Viendo que la VII estaba sufriendo también, hizo a ambas legiones formar juntas en cuadro, lo cual permitió reponerse del asedio al que estaban sometidas. Esto ganó algo de tiempo para este flanco, pero aun estaba en una situación crítica. Por suerte para César, llegaron refuerzos con la aparición de las dos legiones de la retaguardia. Además, al otro lado del río, Tito Labieno, uno de los mejores oficiales de César, había capturado el campamento de los nervios y tras ello enviado a la Décima de vuelta para ayudar a César.

Así, los nervios se encontraron de pronto luchando contra cinco legiones. Aunque aun doblaban a los romanos en número su situación había dado un vuelco. Internaron luchar pero la carnicería fue atroz. Según César, cuando los ancianos, mujeres y niños se rindieron apenas quedaban 500 hombres capaces de empuñar las armas. César decidió perdonar a los supervivientes y se les permitió regresar a sus tierras, siendo sus vecinos advertidos de que si se aprovechaban de su debilidad estarían haciendo enfadar a César.

Aun habrá que terminar con la participación de la VII legión en la Guerra de las Galias en próximos artículos, donde veremos la campaña contra los vénetos y las dos expediciones en Britana (55 y 54 a.e.c.). Durante la crisis causada por Vercingetorix, luchó en las cercanías de Lutecia  y en Alesia y se sabe que estuvo involucrada en las operaciones de cerco contra los belóvacos.

Si queréis estar al día sobre futuros artículos y otros temas uníos a nuestra página de Facebook.

Para saber más:
-César, de Adrian Goldsworthy (2007)
-Roma Invicta, de Javier Negrete (2013)

Fuentes clásicas:
-Cayo Julio César,Comentarios a la Guerra de las Galias; Libros I y II,

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada