martes, 15 de octubre de 2013

La flota de guerra romana: De sus orígenes hasta César

Con anterioridad a las Guerras Púnicas, la flota (classis) romana estuvo limitada a operaciones costeras menores y escolta para los mercaderes. Los romanos se concentraron en operaciones terrestres hasta que consolidaron la conquista de la península italiana. Las guerras con Cartago obligaron a los romanos a adaptarse a las operaciones navales para poder combatir y defenderse.

Durante la Primera Guerra Púnica una gran flota romana fue construida usando como modelo un velero fenicio encallado. Los romanos caerían de la habilidad de otros pueblos marineros como los griegos y los cartagineses y tuvieron que recurrir a la tecnología para conseguir ventaja.
La táctica tradicional en el combate naval, la embestida, no fue abandonada, pero los barcos romanos fueron equipados con un ingenio llamado corvus (“cuervo”) que llevaba el combate marino a un escenario más parecido al terrestre; era una especie de puente móvil de abordaje con una gran punta metálica, la cual se clavaba en la cubierta del barco enemigo y daba el nombre de cuervo al invento, que permitía a los romanos convertir un combate de embestidas y hundimientos en abordajes, capturas y saqueos donde podían hacer uso del tremendo poder de su infantería. Al comienzo, este nuevo tipo de combate proporcionó grandes éxitos a los romanos contra la flota cartaginesa, aunque el añadido del corvus hacía a los barcos muy pesados e inestables, lo que ocasionó graves pérdidas a la flota romana debidas a tormentas y ventiscas. Y aunque esto pueda ser achacado en parte al corvus, también habría que tener en cuenta la poca pericia marinera de los romanos a la hora de afrontar las condiciones climáticas adversas en el mar.


Esquema del corvus en una trirreme romana
Sin embargo, las victorias dieron confianza a los romanos, lo que llevó a la eventual invasión de África del Norte. Su nuevo poder marítimo permitió a las legiones romanas pisar la costa norteafricana y llevar la guerra desde Italia hasta el territorio cartaginés. La flota romana fue tan exitosa que Anibal, durante la Segunda Guerra Púnica, abandonó la flota cartaginesa para concentrarse en operaciones terrestres. Con la destrucción final de Cartago al final de la Tercera Guerra Púnica (146 a.e.c.), Roma era la dueña y señora del Mediterráneo. Con la desaparición de su máximo rival, la flota tuvo dos nuevos papeles: proporcionar apoyo a las legiones, y proporcionar escolta para los veleros mercantes y cargueros de grano, los cuales comenzaban a sufrir los efectos adversos de la, cada vez más activa, piratería mediterránea.
Es posible que, debido las pérdidas de barcos ocasionadas por tormentas y la falta de conocimiento en las artes de la navegación, Roma tuviera que acudir a las ciudades griegas para que les proporcionasen barcos cuando fuera necesario. Pero, conforme crecía el poder romano en las costas del este del Mediterráneo declinaba el poder de las ciudades griegas, y en los años 70-60 a.e.c. los piratas cilicios eran capaces de llevar sus incursiones con impunidad incluso hasta las costas de Italia.
La amenaza al vital suministro de grano fue tal que el Senado tomó la decisión de dar a Pompeyo poderes extraordinarios para acabar con los piratas. Lo consiguió en sólo tres meses, un periodo demasiado corto para poder haber construido nuevos barcos. Su flota estaba constituida por veleros en servicio de las ciudades griegas. Tras esta campaña, hay indicios del mantenimiento de una flota romana en el Egeo, aunque no siempre estuvo en las mejores condiciones para el combate.
Fue la guerra civil entre César y Pompeyo la que claramente demostró el verdadero significado del poder marítimo de Roma, ya que llegó a haber más de un millar de barcos en el Mediterráneo. Conforme la lucha continuaba, el hijo de Pompeyo, Sexto, consiguió una flota lo suficientemente grande para mantener a Octaviano a raya y poner el jaque el suministro de grano a Roma.

El heredero de César ordenó construir una nueva flota y entrenar a sus tripulantes. En el 36 a.e.c., Sexto fue definitivamente derrotado en la batalla de Naulocos y Roma volvió a ser, una vez más, señora del Mediterráneo oeste. 

La única gran batalla naval, aparte de las campañas de César para su desembarco en Britania y su combate contra los vénetos, que tuvo lugar en lo que restaba del periodo republicano fue la batalla de Actium (Accio) entre el legado de Octavio, Marco Vipsanio Agripa, y las fuerzas combinadas de Marco Antonio y Cleopatra. Trataremos con más detalle esta decisiva batalla en un futuro artículo.


Uso del corvus, por Angelo Todaro
Los romanos en la época de la República dividían los buques de combate en maioris formae (de cuatrirremes para arriba) que formaban la fuerza principal de combate y minoris formaeAparte de los buques de combate habría un enjambre de naves de apoyo (actuaria). La flota consistía en una amplia variedad de embarcaciones, desde pesadas polirremes hasta veleros ligeros para incursiones y patrullas. A diferencia de los ricos reinos helenísticos del Este, los romanos no confiaban totalmente en barcos de guerra pesados, siendo quinquirremes y, en menor medida, cuatriremes y trirremes, el núcleo de la flota romana desde las Guerras Púnicas hasta finales de las guerras civiles. 
El navío más pesado mencionada en la flota romana durante esta época era la hexarreme, de las que algunas eran usadas como naves de mando. Veleros más ligeros, como las liburnas, usados por los piratas, fueron también adoptados como exploradores y transportes ligeros.


Liburna
El arma principal de los barcos era el ariete (rostra, de ahí el nombre de navis rostrata para los barcos de guerra) con el que se inmobilizaba o hundía los barcos enemigos atravesando su casco. La maniobra de embestida requería habilidad y una tripulación experimentada, y un barco rápido y ágil como la trirreme o quinquirreme. Los barcos mayores tenían otras ventajas: eran más resistentes ante los efectos de las embestidas, eran mayores y más estables y podían trasportar más tropas y más armas de proyectiles como balistas y catapultas. Se atribuye a Agripa la invención del harpax, una catapulta o balista que disparaba un gancho encordado, usado para inmovilizar los barcos enemigos y facilitar su abordaje y el uso de las torres para arqueros y armas de proyectiles en la proa y la popa.


Galera de guerra con dos torres
Los barcos solían ser bautizados con nombres de dioses (Marte, Júpiter, Isis...), héroes (Hércules) o sustantivos relacionados con el mar (Rhin, Océano), o bien con el nombre de virtudes romanas (Victoria, Pax, Fides...) o el de importantes sucesos (Salamina). Se distinguían entre ellos por las figuras del mascarón de proa y, al menos durante las guerras civiles, por los esquemas de pintura de las torres, el cual variaba según la flota.

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Para saber más:

Osprey Men-at-Arms - 451 - Imperial Roman Naval Forces 31 BC-AD 500 (2009)
The Roman Army,31 BC - AD 337: A Sourcebook,J.B.Campbell,(1994)
La navegación romana, de Vicente Peris Boscá

3 comentarios:

  1. Muchas gracias, al menos habrá un par más (quizás tres) dedicados al tema naval. :D

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  2. Me parece que se te olvida hablar de las batalla navales que enfrentaron Octavio y Marco Antonio contra Bruto y Casio, que alguna hubo o algo vi por ahi

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