lunes, 7 de octubre de 2013

Los bátavos, tropas auxiliares de élite

Los bátavos vivieron entre grandes ríos en lo que hoy día son los Países Bajos, en una isla entre los ríos Waal y Rhin. Los bátavos descienden originalmente de los chatos, una tribu germánica de la orilla este del Rhin que probablemente colonizaron la isla a finales del siglo I e.c. Una disputa interna entre los chatos terminó con la expulsión de una parte de los suyos. Los exiliados establecieron un hogar provisional en el apenas poblado delta del Rhin al que llamaron Bet-auw (“Prado hermoso”), lo que acabó dándoles su gentilicio de bátavos. Su nombre aun está presente en la zona, en la isla de Betuwe. La capital de los bátavos fue Noviomagus Batavodurum (la actual Nimega).

Poblado bátavo
Es imposible saber a ciencia cierta quienes eran los pobladores anteriores de estas tierras. Las fuentes no llegan mucho más allá de la época de César, y él mismo nos cuenta que el territorio al oeste del Rhin estaba poblado mayormente por tribus celtas.
La isla era una región pobre, que apenas tenía utilidad financiera para los romanos. Por lo tanto, los bátavos contribuían sólo con hombres y armas al Imperio: ocho unidades auxiliares (cohortes) de infantería y un escuadrón (ala) de caballería, y además fueron los guardaespaldas montados de los emperadores hasta Galba. El emperador Trajano los volvió a colocar entre sus equites singulares.
La caballería bátava era muy renombrada y fueron las tropas favoritas de César, y con razón, ya que nos cuenta que fue el valor de los bátavos el que cambió las tornas de la batalla de Farsalia. La isla de los bátavos era también la base de operaciones de la Classis Germanica (la flota del Rhin) para las guerras de los romanos contra celtas, germanos y britanos.
Los bátavos no tomaron parte en la emboscada de Teutobrugo (9 e.c.) y aunque Augusto desconfió de ellos en un primer momento y disolvió su guardia bátava, pronto se dio cuenta de lo poco acertadas que habían sido sus sospechas y volvió a convocarlos no mucho después. Bajo el gobierno de Vespasiano, los bátavos eran liderados exclusivamente por nobles de su pueblo.
Auxiliar bátavo y sirviente, por P. Nuyten
Se encontraban sin duda no sólo entre los mejores jinetes y nadadores del ejército, sino que también eran elogiados como el modelo de soldado. La buena paga que recibían los guardaespaldas y el privilegio de los nobles de servir como oficiales ayudaba a mantener su lealtad hacia los emperadores. Según Tácito, eran los más nobles y valientes de los germanos. Los catos, de los cuales descendían, eran un pueblo belicoso. “Otros van a la batalla,” escribió Tácito, “estos van a la guerra.” Contaba que sus cuerpos eran más resistentes y sus mentes más vigorosas que las de las demás tribus. Cuando estaban en guerra los hombres jóvenes no se cortaban el pelo ni afeitaban el rostro hasta que hubiesen acabado con un enemigo. Era entre el caos y la carnicería del campo de batalla cuando , por primera vez, se rasuraban el rostro. Los cobardes y los pusilánimes permanecían greñudos. Vestían también un aro de hierro en sus cuellos hasta que tampoco podía dejar de portar hasta que un enemigo moría a sus manos. Una vez afeitados y aseados, lo lanzaban lejos de ellos como muestra de su victoria sobre la pereza y la cobardía.
Los romanos siempre se referían a los bátavos con gran respeto. Conquistaron a los belgas, obligaron a los frisones a pagar tributo, pero llamaron amigos a los bátavos y nunca un cobrador de impuestos romano penetró en su isla. Una honorable alianza los unía.
Reconstrucción de un guerrero tribal bátavo de comienzos del siglo I e.c., por J. Shumate
Esto fue así hasta los tiempos de Julio Civilis, un noble bátavo que había servido como oficial al mando de algunas unidades de auxiliares bátavos en Britania durante la invasión del 43 y la posterior campaña por el dominio del sur de la isla. Tras 25 años de servicio Julio Civilis recibió la ciudadanía romana y cambió su nombre natal por el nombre romano por el que lo conocemos.
Tras el caos desatado por la guerra del año de los Cuatro Emperadores, los bátavos vieron la oportunidad para deshacerse del yugo romano, ya que estaban molestos con ellos debido a la desmesurada cantidad de hombres que se les pedía enviasen al ejército romano a cambio de la exención de impuestos que todos los peregrini estaban obligados a pagar al Roma.
Aunque participaron en la victoria de Otón en la Primera Batalla de Bedriacum (Cremona), Vespasiano llegó con las legiones de oriente para unirse a la contienda por el trono, así que el general de Vitelio en Germania intentó reclutar aun más hombres de entre los bátavos. Los oficiales de reclutamiento fueron particularmente brutales, e incluso cuenta Tácito que llegaron a abusar sexualmente de algunos de los jóvenes reclutas. Todo esto hizo estallar la sublevación encabezada por Civilis, quién conocía de primera mano las tácticas romanas.
Tras varios éxitos iniciales contra las legiones de Roma, la rebelión fue aplastada por el ejército de Quinto Petilio Cerialis. Tras el fin de las hostilidades, el emperador Vespasiano reclamó sólo cuatro cohortes a los bátavos para el ejército romano, las que serían la I, II, III, y VIII cohortes de bátavos. La rapidez con la que fueron perdonados y la disminución en la cantidad de reclutas indican cuan importantes eran para el ejército romano estos auxiliares.
Los bárbaros creyeron que los romanos no serían capaces de cruzar el río (el río Medway en Britania) sin un puente, y por ello había montado de forma despreocupada un campamento con un foso en la otra orilla. Aulo Plautio, pese a ello, envió a cruzar el río a algunos celtas que tenían práctica en nadar fácilmente cubiertos con armadura incluso en el más rápido de los ríos. Estos cayeron sobre el enemigo inesperadamente.”
-Dion Casio, Historia Romana
Y es que una de las habilidades más renombradas de los bátavos era su capacidad para cruzar grandes cuerpos de agua en formación, como por ejemplo el Ems durante las campañas en Germania de Germánico y el Po en la guerra civil del 69, donde varios soldados de infantería cruzaron ayudándose del caballo de otro soldado de caballería, posiblemente dejando sus armas fuera del agua usando el caballo como una especia de balsa viviente. Es por ello que se da por hecho que los celtas que menciona Tácito bajo las órdenes de Aulo Plautio eran realmente bátavos  como también se cree que fueron bátavos los que asaltaron la isla de Aglesey para destruir un refugio de druidas.
Caballería bátava cruzando un río, por P. Nuyten
Cornelio Tácito nos cuenta sobre los bátavos:
Así, se preparó para asaltar la isla de Mona, fuertemente poblada y que servía de refugio para fugitivos. Construyó un velero de fondo plano para poder navegar por aguas poco profundas y por la inciertas aguas de las profundidades marinas. Así que la infantería cruzó, mientras que la caballería los siguió vadeando el río o, donde el agua era profunda, nadando junto a sus caballo.”
-Anales de Roma, 55-120.
Tras deshacerse del equipaje, rápidamente envió a los mejores de entre sus auxiliares, quienes estaban familiarizados con los bajos de los ríos y tradicionalmente solían nadar de tal forma que mantenían el control sobre sus armas y caballos, hasta tal punto que los atónitos bárbaros, quienes esperaban un flota, creyeron que nada era particularmente difícil ni duro para aquellos que hacían la guerra de esta manera.”
-Tácito, Agrícola, 18.4
Auxiliar batavo, por P. Nuyten
Vegecio nos cuenta como conseguían los bátavos tales proezas:
Los jinetes listos para la batalla habían sido acostumbrados a hacer fardos de juncos secos o, aquellos que llevaban las armas y armaduras, para que no se humedecieran, ellos mismos y sus caballos cruzaban nadando y portaban los fardos sobre las monturas atados con tiras de cuero.”
-Vegecio, Epitoma rei militaris 3.7
Dion Casio también comenta sobre el riguroso entrenamiento al que eran sometidas las tropas bajo Adriano, particularmente los bátavos -quizás miembros de la guardia montada del Emperador-.
Tan excelentemente habían sido entrenados sus soldados que la caballería de los bátavos, como eran llamados, cruzaron el Istro con sus armas. Viendo esto, los bárbaros quedaron paralizados del terror ante los romanos y pidieron que Adriano fuese el juez en sus disputas.”
-Dion Casio, Libro XIX. 9.6
Todo parece indicar que los bátavos tenían una habilidad única, que debían aprender en su tierra y luego extenderla en sus unidades cuando ocasionalmente nuevos reclutas de otras regiones eran admitidos en sus unidades -de las que ya hemos mencionado casi siempre se seguían nutriendo de reclutas de su tierra natal. Ejemplo de ellos es una lápida ya comentada anteriormente de un tal Sorano, un sirio que luchaba en una cohorte bátava.
Yo soy el hombre que una vez fue famoso en la ribera panonia y más allá por su valentía entre un millar de bátavos; con Adriano mirando tuve éxito en nadar con armadura completa a través de las vastas aguas del río Danubio, y con una segunda flecha atravesé y rompí la flecha que había disparado con mi arco mientras aun estaba suspendida en el aire conforme caía de vuelta. Ningún romano o soldado extranjero fue nunca capaz de superarme en el lanzamiento de la jabalina, ningún parto en disparar una flecha. Aquí yazgo y aquí he santificado mis logros en esta lápida. Dejemos que la gente vea si alguien puede emular mis logros después de mí. Por mi propio ejemplo, fui la primera persona en conseguir tales logros. 
-Inscripción, área del Danubio, II e.c. Traducida desde "The Roman Army, A Sourcebook", de J.B Campbell.
Como hemos visto, los bátavos eran una importante fuerza dentro el ejército romano desde César, con un papel clave en muchas victorias militares. Aparte de sus ocho cohortes y el ala de caballería, a veces eran reclutados también dentro de las tropas irregulares o numeri, particularmente entre los exploradores montados.

En el siglo IV una cohorte bátava (o quizás un conjunto de destacamentos de cohortes bátavas) fue ascendida en estatus y conocida como el auxulium palatinum Batavi. Igualmente, una unidad de caballería (vexillatio palatina) fue conocida como Batavi, y probablemente se trataba de un ala ascendida en estatus.
Tenemos menciones incluso de cohortes de bátavos (la VIII Peditata) bajo el mando del Dux Raetiae (Notitia Dignitatum, circa 400 e.c.) acuartelados en Castra Batavorum o Batavis (la actual Passau, Alemania) en la frontera del Danubio. En los últimos años del Imperio de occidente sabemos que la IX cohorte servía como limitanei en el Danubio. Tras esta fecha no tenemos más datos de bátavos sirviendo en el ejército romano excepto un escrito de Eugipio en la biografía de San Severino, escrito en torno al 482 e.c., que narra que la cohorte envió algunos hombres hacia Italia desde Passau para reclamar los pagos atrasados. Nada más se supo de ellos hasta que sus cuerpos aparecieron flotando río abajo. La unidad desapareció.


Caballería e infantería tardo-romanas, por AeroArt International
Si queréis estar al día sobre futuros artículos y otros temas uníos a nuestra página de Facebook.

7 comentarios:

  1. Gracias Jose; por cierto, impresionantes las fotos del evento de Mérida. :D

    ResponderEliminar
  2. Y de nuevo dar las gracias a Marco Fuentes por su aporte sobre los auxulium palatinum Batavi.

    ResponderEliminar
  3. Además estupendas ilustraciones. Sin ellas yo estaría perdido.

    ResponderEliminar
  4. Grande como siempre, Vori. Solo se me ocurre añadir que en la batalla de Mons Graupius que Tácito narra en el elogio a su suegro, Agrícola, todo el peso peso de la batalla se cargó sobre los hombros de varias unidades auxiliares, concretamente dos cohortes de tungrios y cuatro de bátavos. Y como, bien dices, se nota que Tácito les tenía en alta estima como soldados ya que viene a contar que fue gracias al ejemplo de empuje y arrojo que mostraron los batavos, y que el resto de cohortes intentó emular, que el frente caledonio acabó roto y el enemigo puesto en fuga.

    ResponderEliminar
  5. Pues sí, sobre esa batalla y la aportación de las cuatro cohrtes de bátavos ya conté algo en el artículo de la infantería auxiliar, pero no quería duplicarlo. :D
    ¡Gracias!

    ResponderEliminar