sábado, 19 de octubre de 2013

Tácticas y formaciones del ejército romano

Lo que conocemos hoy día sobre las tácticas romanas se deriva de las diversas narraciones de batallas que nos han llegado, así como de la interpretación de relieves y otras fuentes arqueológicas. Debemos lamentar que los diversos tratados sobre la misma que debieron de ser de uso común entre los generales romanos no se hayan conservado. 

Quizás la mayor pérdida sea el libro de Sexto Julio Frontino, partes del cual fueron usadas por el historiador Vegecio para su obra Epitoma rei militarisA través de Vegecio podemos extraer diversa información al respecto de como los romanos encaraban las batallas y cuales eran las formaciones ofensivas y defensivas más extendidas.

Por supuesto que se hace mención a la importancia del terreno en la batalla, donde un terreno elevado da ventaja ante un enemigo que tiene que avanzar, y si tu ejército está compuesto mayormente por infantería y el enemigo por caballería, cuanto más irregular sea el campo de batalla mejor. El sol debe quedar a la espalda de tus propias tropas para que ciegue al enemigo. Si hubiera viento fuerte debería soplar desde tu espalda, para darle un alcance y potencia extra a tus armas arrojadizas y flechas y para que moleste al enemigo en caso de levantarse polvo, algo muy común en zonas secas.

Normalmente se colocaba a la infantería en el centro y a la caballería en los flancos, para así prevenir al centro de ser rodeado y permitir a los jinetes, una vez la batalla terminaba, perseguir a los enemigos que huyesen. Aunque la caballería tenía un papel que cumplir y a veces resultase decisiva, por norma general eran una tropa secundaria para los romanos, los cuales confiaban mayormente en la infantería.


Despliegue de una legión romana
Era recomendable que si tu caballería era débil fuese reforzada con infantería, la cual debía unirse al combate una vez los jinetes estuvieran trabados con el enemigo, permitiendo así equilibrar la balanza. Esta estratagema le dio a César la victoria en la decisiva batalla de Farsalia contra sus rivales pompeyanos.

Y aunque en este artículo se hará hincapié en las formaciones que adoptaban los legionarios romanos, no debemos olvidar la importancia de la infantería auxiliar, la cual muchas veces era la que derramaba la primera sangre en el combate y a veces los que llegaban a conseguir la victoria sin que los romanos tuvieran que luchar.

Vegecio no duda en mencionar la importancia de las tropas de reserva, las cuales pueden proteger al ejército de un intento enemigo de rodearlo, o bien reforzar un flanco en problemas. Del mismo modo, pueden avanzar hacia los flancos enemigos e intentar envolverlo si este no posee tropas de reserva. El general, normalmente, se posicionaba en el flanco derecho.

En cuanto a los distintos tipos de formaciones en las que eran entrenados los legionarios, las más conocidas son:

La tortuga (testudo) era la formación defensiva básica de los legionarios en la que levantaban los escudos sobre sus cabezas, excepto los de las filas exteriores que protegían a sus compañeros con el escudo en posición defensiva, creando así una especie de caparazón de escudos que los resguardaba de los proyectiles que les llegasen desde el frente o desde arriba, permitíendoles avanzar mientras estaban bajo ataque enemigo, reduciendo las bajas al mínimo.

Según la necesidad, los hombres en el interior del testudo podía proteger también los flancos con sus escudos apiñándose más en el interior. Esto daba una protección extra si se estaba recibiendo ataques de proyectiles por los flancos pero hacía la formación aun más lenta en su avance.


Testudo con los flancos protegidos
La siguiente formación de combate era la cuña, usada normalmente por los legionarios que cargaban contra el enemigo. Formaban un triángulo con un vértice de un sólo hombre apuntando hacia el enemigo, y cuando la formación trababa combate y se abría, los oponentes se encontraban empujados hacia atrás y quizás obligados a romper la formación, haciéndoles el combate cuerpo a cuerpo con los experimentados legionarios aun más difícil. En estos combates cerrados era donde el gladius legionario se mostraba más eficiente, golpeando desde abajo para clavar su punta en el abdomen o piernas enemigas, mientras que las largas espadas celtas y germanas se hacían realmente complicadas de blandir.


Formación en cuña
La sierra era la táctica opuesta a la cuña, formada por una unidad en reserva justo detrás de la línea frontal que era capaz de moverse rápidamente por esta para cubrir los huecos que pudieran surgir. Cuando dos ejércitos romanos se enfrentaban -como fue tan común en los periodos de guerras civiles-, podría decirse que la sierra era la respuesta casi inmediata a una formación en cuña enemiga.

El orbe es una formación defensiva circular que era usada por una unidad en una posición desesperada. Permitía una buena defensa incluso si la unidad había quedado separa del resto del ejército. Los arqueros quedaban en el centro para dar fuego de apoyo. Sin embargo, requería un alto nivel de disciplina por parte de los soldados ya que cuando se adoptaba tal formación era casi la señal de que todo estaba perdido salvo que se recibieran refuerzos en algún. momento, sirviendo el orbe sólo para ganar tiempo. Los legionarios sabían entonces que no había escapatoria y sólo podían luchar o morir, ya que estaban totalmente rodeados por el enemigo. Las legiones de César usaron está táctica en la batalla del Sambre con excelentes resultados.


Formación en orbe, a pequeña escala
Al final, lo que se buscaban en una batalla era romper la línea enemiga. Si un flanco caía, el centro debía luchar entonces en dos frentes en un espacio reducido, una vez se conseguía una ventaja como esta era muy difícil para el enemigo rehacerse. Incluso el altamente entrenado ejército romano tenía problemas ante esto y cuando ocurría el comandante debía enviar sus tropas de reserva disponibles a intentar corregir la situación.

En cuanto a formaciones para detener a la caballería enemiga, la primera fila formaba un muro de escudos con sus pila apuntando hacia el exterior. Un caballo, salvo que estuviese bien entrenado, difícilmente podría superar tal barrera. La segunda fila debería usar sus pila para acosar a la caballería que se detenía ante el muro de escudos. Esta formación era muy efectiva, particularmente contra caballería poco disciplinada.


Formación anti-caballería
También se usaba la llamada formación del cuadrado hueco, descrita por Plutarco (Vida de Craso, 23.3), desarrollada para la lucha contra la caballería pesada de los partos, y que podía considerarse una variante del orbe. Esta táctica tuvo resultados desiguales ya que el ejército de Craso fue aniquilado por los partos en Carras (53 a.e.c.), aunque unos años después, el general cesariano Publio Ventidio Baso los derrotó (39 a.e.c.) gracias a que consiguió formar su cuadrado hueco en una posición elevada ventajosa. 

El desastre de Carras (53 a.e.c.), por Giuseppe Rava
Así, la decisión más importante que el general debía tomar era la concerniente a la disposición de sus tropas. Si se detectaba una debilidad en las líneas enemigas debía explotarse usando el tipo de tropa adecuada. A veces era necesario “camuflar” el orden de batalla, bien haciendo a las tropas formar más juntas para aparentar ser un ejército menos numeroso. O bien estirando las líneas para tratar de hacerlo parecer más numeroso.

El factor sorpresa siempre era importante y se sabe de la importancia que tuvieron en las batallas algunas unidades que aparecían tras haber estado ocultas, armando mucho revuelo, para hacer creer al enemigo que habían llegado refuerzos.

Una vez el enemigo rompía filas, pese a todo, no debía ser rodeado, sino que debía dejársele una ruta de escapa. La razón para esto es simple: los soldados acorralados bien podían luchar por sus vidas hasta el último hombre, mientras que una huida podía arrastrar a los demás compañeros y los hacía vulnerables a los ataques de la caballería.

Vegecio también hace mención al caso de que el general romano deba ordenar retirada. Este hecho debe tratar de ser ocultado tanto al enemigo como a sus soldados, y es una maniobra que requiere gran habilidad y juicio. Tus tropas debían ser informadas de que iba a efectuarse una retirada fingida para atraer al enemigo y desorganizarlo – una estratagema que también se usaba-, aunque esto sólo podía llevarse a cabo si la mayoría de las tropas no estaban trabadas en combate. Se recomendaba dejar unidades protegiendo la retaguardia en caso de huida, por si el enemigo emprendía una persecución desorganizada, lo que podía llevar a que se invirtiese el papel de vencedores y vencidos.

En un frente más amplio los romanos usaban tácitas para negar a sus oponentes la capacidad de hacer la guerra por un periodo de tiempo largo. A veces devastaban sistemáticamente el territorio enemigo y sus recursos. ya fueran cosechas o ganado, todo aquello que no podían llevarse era destruido. Incluso los civiles eran esclavizados o masacrados. Esto era conocido como vastatio.

Así, el territorio enemigo quedaba gravemente dañado, negando a su ejército la capacidad de abastecerse. También se usaba en expediciones punitivas contra tribus bárbaras que habían atravesado la frontera y saqueado territorio romano, una belicosa aplicación del ojo por ojo que bien podía ser tomada como una advertencia por las tribus vecinas. Los romanos eran tan metódicos como implacables y despiadados a la hora de hacer la guerra.

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Para saber más:
-Ross Cowan, Roman Battle Tactics, 109 BC - AD 313. Osprey, Oxford 2007.
-Flavio Vegecio Renato, Compendio de técnica militar
http://www.roman-empire.net/army/tactics.html (traducido principalmente)
http://en.wikipedia.org/wiki/Roman_infantry_tactics
http://es.wikipedia.org/wiki/Tacticas_romanas_de_infanteria

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